Al alcalde de la ciudad le gusta el restaurante Degvsta. Y a los acólitos del alcalde parece ser que también les gusta el Degusta. Y les debe gustar mucho, mucho, mucho, a tenor de su insistencia en acudir a dicho establecimiento. Si lo hiciesen pagando de su bolsillo particular no habría nada que objetar, pero como el cubierto se lo paga el erario municipal, entonces sí es tema de investigación. Investigación menor, si así lo quieren ustedes, aunque con datos curiosos se construyen relatos asombrosos.

El Degvsta es un restaurante situado en la parte alta de la ciudad y cercano al palacio consistorial. Para los que no lo hayan frecuentado, se trata de un local acogedor, con agradable servicio y buena relación calidad-precio. Afortunadamente, en Tarragona, tenemos bastantes establecimientos que ofertan gastronomía de excelente calidad y con características muy similares al Degusta. Sin embargo, nuestros gobernantes municipales, especialmente el señor alcalde, no los visitan casi nunca y, en algunos casos, nunca.

Ballesteros en un acte gastronòmic

El sector de la restauración de Tarragona ha realizado un considerable esfuerzo en estos últimos años, apostando por la calidad y la diversidad en la oferta del sector. Una ciudad que quiera aspirar a ser visitada por un turista con cultura gastronómica debe ofrecerle una propuesta variada y de nivel. Tarragona, hoy, tiene una oferta de restaurantes que nada debe envidiar a ninguna otra ciudad.

Un alcalde que apueste por la oferta gastronómica de su Tarragona, qué menos que dar muestra de compromiso personal e institucional con los restaurantes de su ciudad, o, por lo menos, con aquellos que se esfuerzan por sumar puntos a favor de hacer de Tarragona un lugar de visita obligada y encuentro deseable, además de pagar sus impuestos y generar puestos de trabajo.

Nada mejor que emplear el dinero de los contribuyentes, por parte del alcalde, que acudiendo a comer y cenar “de oficio” a los distintos establecimientos de la ciudad. Mantener activa la relación con ellos, conocer sus cualidades, sus quejas, sus necesidades. Pero no, nuestro alcalde repite menú en el Degusta un día sí y otro también.

Las explicaciones que se me han dado a tal comportamiento son tan peregrinas que no vale la pena detenerse en ellas. Pero la que más llama la atención es la que afirma que el alcalde va al Degvsta porque le gusta. O sea, con los dineros públicos, nuestro alcalde, en vez de repartir su presencia en los muchos restaurantes de la ciudad que vale la pena apoyar y reconocer, lo hace solamente por uno bajo capricho personal.

Claro que el alcalde acude a otros restaurantes… cuando es convocado por el invitador de turno. Pero incluso en esos casos, si puede, traslada al Degvsta la comida o cena de compromiso.

¡Que no se me enfaden los propietarios del Degusta! Ellos no han hecho nada malo y seguro que, si no fuesen los agraciados, se sentirían igual que el resto de los restauradores de la ciudad, o sea, abandonados por su alcalde. Y que ningún lugarteniente del alcalde pretenda provocar la foto-reunión del acalde con el gremio de restauradores para que expresen su enorme gratitud al alcalde y así neutralizar el relato de este artículo. No cuela.

La Huella de James FONT

 

 

 

Leave a Reply