Corría el mes de febrero de 2015 cuando un PSOE acorralado por el ascenso de Podemos se sentó a pactar con el PP (una vez más, como antes lo hicieron por ejemplo con la reforma del artículo 135 de la Constitución, invocando sagradas “razones de Estado”) la reforma de la calificación de terrorismo, el germen de lo que hoy engloba la doctrina de “todo es terrorismo” banalizando el concepto y convirtiéndolo en algo ambiguo, en algo claramente antidemocrático porque es un vehículo para la arbitrariedad al santificar la prisión preventiva y convertirla en una condena preventiva.

Esa doctrina que lo mismo sirve para condenar a tuiteros, raperos, humoristas,  la protesta social, o políticos molestos (léase en general todo lo que rodea el llamado “procés”), tiene su origen en la que puso en marcha un tal Baltasar Garzón (el mismo que ahora pretende “regenerar la izquierda”, mira tú) cerrando mediante leyes retorcidas a medida, periódicos, tv vecinales u organizaciones políticas en Euskadi a golpe de patadas a la Constitución.

Entonces todo era ETA, un terrorismo mortal y no uno de mentira como el que el poder (léase PP y sus muletas PSOE y C´S  con el apoyo incondicional de una “Brunete mediática” generosamente sibvencionada mediante la publicidad institucional) nos vende ahora cada día con el pretexto no confesado de mantener el estatus quo de un régimen del 78 heredado del franquismo que se desmorona víctima de sus propias contradicciones, la principal de las cuales no es otra que el mantenimiento entre otros del aparato judicial ( nos podemos preguntar qué objeto tiene mantener hoy una Audiencia Nacional artificial y anacrónica y ya sin objetivo al desaparecer el terrorismo de ETA o el GRAPO de turno, con un impacto del terrorismo yihadista muy por debajo de lo que sucede en otros paises de nuestro entorno) y también el militar heredados de la dictadura y vigías de la sacrosanta unidad de la Patria a sangre y fuego si es necasario, cuyos miembros se acostaron como garantes de la represión y se levantaron como democrátas de toda la vida sin tan siquiera lavarse la cara aunque fuera para disimular.

Aquella ETA permitió legislar contra el activismo, criminalizar la protesta e ilegalizar a rivales políticos.

En ésta versión de “todo es terrorismo” encajan perfectamente el 15M o Rodea El Congreso, las movilizaciones antidesahucios y también cualquier lucha sindical o social, verdadero objetivo final de la reforma del Código Penal.

En éste contexto debemos poner el juicio a los jóvenes de Alsasua, con más de 500 días de prisión preventiva por una pelea en un bar y para los que se piden más de 325 años de prisión.

“Todo es terrorismo” como un mantra autoritario que justifique la criminalización de la protesta en la calle o las condenas contrarias a la libertad de expresión, como ejemplo de lo que les espera a todos los que pongan en cuestión un régimen, el actual, cada vez más degradado a nivel institucional, ya sea gobierno, tribunales de justicia o la propia universidad.

El camino de Endogan que están recorriendo ahora mismo el gobierno y sus cómplices nos aleja de una democracia de una mínima calidad y nos pone más cerca de la actual Turquía que de Suecia.  Hoy, ahora, España está más cerca de un Estado autoritario que de una democracia mínimamente homologable.

Gonzalo BUSQUÉ
Miembro de Podemos/Podem -Tarragona

 

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