Como profesional del medio ambiente siempre me ha preocupado la convivencia entre el medio natural, el mundo rural y el medio urbano. Es evidente que en nuestro entorno más inmediato la presencia humana hace que no existan espacios totalmente naturales, los campos de cultivo se trabajan, la ciudad y los polígonos están a tocar, salimos a correr, a pasear, a hacer rutas en bici, a coger espárragos o a hacer fotografías.

Nuestra sociedad valora cada vez más el tener cerca de casa un bosque o unos caminos donde pasear lejos de ruidos estridentes, malos olores o del bullicio normal de la ciudad.

Pero a pesar de todo nuestro creciente interés por la naturaleza es todavía nuestra gran desconocida y, a veces, nos sorprende con preciosas floraciones, con bellos vuelos de aves migratorias, pero también con sobrepoblaciones de especies que pueden darnos más de un quebradero de cabeza como es el caso de los jabalís.

El jabalí es un animal inteligente, con una gran adaptabilidad a condiciones duras y muy prolífico. No tienen depredadores y han aprendido a no tener miedo de las personas y ya es relativamente fácil verlos por el Pont del Diable, cerca de Sant Pere i Sant Pau, a Sant Salvador o en el parque del Francolí. Hasta aquí podría parecer una situación hasta bucólica, paseos por el bosque con animalillos, pero cuando el “animalillo” mide casi un metro de alto y pesa unos 80 kg y se desplaza a toda velocidad entre la vegetación, la cosa cambia.

Además de la preocupación de los paseantes o la seguridad de los propios animales después de varios incidentes, hay que valorar la afectación a la seguridad viaria. Recientemente se ha producido un accidente por impacto de un vehículo con uno de estos animales en la AP-7. El resultado ha sido de un herido, aunque al ser una via rápida, podríamos estar lamentándonos ante una desgracia más grave.

Y es que, además de la preservación de la fauna, se debe garantizar la seguridad de los usuarios de parques, caminos y carreteras. Debemos seguir insistiendo, como ya ha hecho Cs en el Ajuntament de Tarragona y en el Parlament de Catalunya, para que la autoridad competente se haga cargo del control de las poblaciones de jabalí en las proximidades de las ciudades y carreteras.

Contamos con un cuerpo especializado, el Cos d’Agents Rurals, que seguro que es conocedor de la problemática y tiene propuestas técnicas de actuación. Desde el control preciso del número de jabalí se pueden promover capturas controladas y esterilizaciones, mantener la población a niveles sostenibles y hasta la regulación del consumo de carne de caza. Muchas soluciones posibles y ninguna llevada a cabo.

Ahora sólo cabe insistir para que nuestros responsables políticos faciliten el trabajo de los profesionales, empiecen a pensar en los problemas reales de los catalanes y dejen de perder el tiempo prometiendo irrealizables viajes a Ítaca.

Francisco DOMINGUEZ
Diputado Cs en el Parlament de Cataluña

 

Categories: OPINIO

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